jueves, 29 de agosto de 2013

FEROCIDAD (la batalla de las hormigas)


la batalla de las hormigas

de todo Walden

maravilloso al completo

quizás
lo que más 
me ha impresionado

ese ojo de pez
por el que Thoreau describe
una guerra sangrienta
entre hormigas rojas
y negras

cómo se pelean
cómo defienden su territorio
cómo se despedazan
y exterminan
y alienan

como nosotros

seres humanos

la misma simpleza

la misma
ferocidad


Vicente Muñoz Álvarez

WALDEN (y la piel de mi chica)


regreso
del fin da terra

días tranquilos
y ventosos frente al mar

Walden
y la piel de mi chica

siempre
presentes

el ritmo
continúa

v

martes, 20 de agosto de 2013

REDIL



lobo al acecho

sin disfraz de cordero

redil vacío


v

a Louis Ferdinand Céline

EL DESCRÉDITO: Viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline.


Louis Ferdinand Céline (1894-1961), autor de Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito (sus dos obras más conocidas), fue sin duda uno de los más grandes y polémicos escritores del pasado siglo, referente indiscutible de las generaciones venideras y fuente de inspiración permanente para la prosa contemporánea.

Sus panfletos antisemitas y su colaboracionismo con el régimen pronazi de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, le condujeron a la infamia y el descrédito (además de a la cárcel y el ostracismo), suscitando desde entonces las más controvertidas y apasionadas polémicas.

En El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline, un grupo de escritores españoles contemporáneos aborda, cincuenta años después de su muerte, su figura y su obra, exponiendo su visión personal, subjetiva y crítica sobre un autor indispensable para entender la narrativa más reciente.


Una antología coordinada por 
Vicente Muñoz Álvarez & Julio César Álvarez

Próximamente en Ediciones Lupercalia



FRIENDS


De izquierda a derecha:

Alfonso Xen Rabanal, 
Carlos Salcedo Odklas, 
Pepe Pereza 
& Vicente Muñoz Álvarez

Presentando Esquinas en el Belmondo Bar


lunes, 19 de agosto de 2013

EL LUNAR en EXCODRA 14


No creáis nunca de entrada en la desgracia de los hombres. Limitaos a preguntarles si aún pueden dormir... En caso de que sí, todo va bien. Con eso basta.

L.F.Céline


Se me han terminado los somníferos. Por eso estoy aquí: sala de espera del ambulatorio, en la Seguridad Social.

No puedo ya dormir sin ellos. Lo intento a menudo, pero no lo consigo. Duermo a lo sumo tres horas y me encuentro, al día siguiente, deprimido y roto... He intentado hacer caso del médico, dormir sin pastillas, tomar tisanas, tila, valeriana, passiflora, pero lo único que he conseguido es sentirme, por falta de sueño, cada día más agotado... Así que necesito esas pastillas. Que me crean adicción, lo sé, pero sin las cuales, seguramente, terminaré derrumbándome.

La sala de espera está llena. Unos que entran, otros que salen y otros que, intermitentemente, van llegando. Hay seis pacientes delante de mí, que a una media de diez minutos, hacen aproximadamente una hora de espera. Una hora entera aquí esperando...

El hombre que está sentado a mi izquierda me está poniendo nervioso. Se rasca compulsivamente una especie de mancha o lunar en el cuello, debajo de la barbilla, y me molesta una y otra vez con el codo. Un hombre de mediana edad, de unos cincuenta y pico, moreno y enjuto, que parece estar pasándolo mal durante la espera. 

No para de rascarse continuamente el lunar y me roza con su codo en el hombro sin darse, aparentemente, cuenta de nada.

- Disculpe - digo llegado un punto -, me está rozando usted con el codo...
- Perdone, no me di cuenta - dice, y se me queda mirando un instante, para luego añadir -: Es que no soporto el picor. ¿Se ha fijado usted en este lunar? Me escuece y crece más cada día, pero el médico dice que no es nada, que ya se han hecho todas las pruebas posibles, incluyendo una biopsia, y que no es nada, simple prurito, pero que, desde luego, no crece ni aumenta de tamaño como me imagino. Según él, el lunar no es maligno, así que lo único que debo hacer es aplicarme una pomada contra el picor y, por supuesto, dejar de rascarme... Cuanto más se rasque, más le picará, dice, así que intente no hacerlo... Pero, desgraciadamente, no puedo evitarlo. Me pica más cada día y, lo que es peor, tengo la sensación de que sigue creciendo...

No tengo ganas de opinar ni de decir nada al respecto. Estoy abatido y cansado y no me apetece seguirle a nadie el juego. Sólo quiero entrar cuanto antes al médico y que me dejen en paz. Pero el hombre, frente a mi silencio, vuelve a la carga.

- ¿Sabe una cosa? - dice -. Creo que este médico es un farsante. Que todos los médicos, de un modo u otro, son unos farsantes... Yo veo cada mañana crecer mi lunar y él me dice que no, que el lunar no crece, que mi hipocondría y mis nervios me lo hacen creer, pero que el lunar no crece... Y yo le digo a usted que es mentira, que el lunar sí crece, aunque el médico me diga que no. En el fondo, sabe que tengo razón, que mi lunar, aunque imperceptiblemente, crece, pero como no sabe por qué, intenta convencerme de que son mis nervios los que me hacen verlo crecer... Me atiborra de pastillas, de pomadas, de ansiolíticos, pero no llega al fondo real del asunto: el origen del picor y de la progresiva expansión del lunar por mi cuello. Aunque a él le va bien así. Si me curara de verdad, si llegara a la causa de mi enfermedad y lograra extirparla, yo, lógicamente, no tendría que volver de nuevo a verle y eso, créame, no es lo que él quiere. Porque a largo plazo, si todos los pacientes somos curados o en gran parte aliviados por nuestros médicos, llegará un punto en que éstos se quedarán sin enfermos y no les gusta esa idea. Hay una especie de conspiración, de tácito acuerdo entre ellos a ese respecto. Lo mismo da que sean privados o públicos, todos piensan lo mismo. Cuando pueden curarnos, lo hacen sólo a medias, para asegurarse tarde o temprano nuestro regreso, y cuando no pueden, porque no saben, nos atiborran de fármacos que, no sólo no curan nuestra enfermedad, sino que generan a la larga otras peores... Esa es, digamos, su mentira y su trampa.

Me niego a entrar en su juego. Evidentemente, él quiere que opine, dialogar conmigo, pero yo no estoy dispuesto a hacerlo. Ni con él ni con nadie más en la sala. No estoy de humor.

Entretanto, han pasado ya otros dos pacientes, sólo quedan cuatro delante de mí, y la sala se sigue llenando. Niños y ancianos, ejecutivos y obreros, adolescentes y amas de casa hablando despreocupadamente entre sí... Por lo que parece, nadie, aparte de mí, quiere aguardar su turno en silencio.

- ¿Y a usted qué le pasa? - me pregunta el hombre del lunar, animado por el bullicio en la sala.
- Vengo a por unos somníferos - respondo cortante y seco.
- Me da usted la razón, entonces. Un ejemplo más de que nuestros médicos, nuestra medicina no va al fondo de la enfermedad en cuestión, sino que se queda sólo en el síntoma. En su caso, la falta de sueño. Usted no puede dormir y el médico, en lugar de buscar el motivo, atiende exclusivamente al síntoma, la falta de sueño, y le receta somníferos. Eso es, de una forma u otra, lo que hacen con todos: crearnos lazos de dependencia. A mí me pica el lunar y en lugar de averiguar la razón, me recetan cortisona. En mi caso, la cortisona son sus somníferos. ¿Pero cuál es la causa de que usted no pueda dormir y a mí me pique el lunar? Eso nunca lo dicen los médicos... O no lo saben, y experimentan con nosotros, o si lo saben no nos lo quieren decir... Somos conejillos de indias de la medicina y de la farmacia...

Dice todo esto, entre el bullicio continuo en la sala, mientras se sigue rascando el lunar. Lo tiene ya despellejado y rojo. Da la sensación de que, en cualquier momento, va a empezarle a sangrar. Aunque, pese a todo, me empieza a gustar su discurso.

- Creo que tiene razón - digo -, aunque en mi caso he de reconocer que el médico me anima a no tomar somníferos... 
- Eso es lo que usted piensa - dice -, lo que ellos quieren hacernos pensar. Pero no es más que otro truco. Si no, nunca se los hubieran recetado, habrían ido al origen del insomnio y no exclusivamente al síntoma... Nos dicen que no debemos tomar somníferos y nos recetan somníferos, que no debemos rascar un lunar y nos dan cortisona... Esa es la trampa inicial. A mí me aseguran que mi lunar no crece, que son el picor y los nervios los que me lo hacen creer, y me dan ansiolíticos y cortisona en lugar de averiguar por qué estoy nervioso y por qué me pica el lunar. A usted le dicen que no debe tomar somníferos, pero no logran curarle el insomnio, con lo que, una y otra vez, va a regresar a buscarlos. Todo es una mentira, una gran farsa... ¿Ve usted a esta gente? - me pregunta mientras se sigue rascando -: muy pocos están realmente enfermos, físicamente enfermos, pero todos vuelven una y otra vez a visitar al doctor. El doctor les atiende y les receta pastillas, a sabiendas de que las pastillas no van, en su origen, a curar al paciente, sino a generar en él dependencia... Las enfermedades mentales nos causan dolencias físicas y los médicos atienden sólo a lo físico, a la dolencia, en lugar de atender a su origen, el estrés, la depresión, el vacío interior, la falta de miras... O compaginan, a lo sumo, un tratamiento con antidepresivos, somníferos y ansiolíticos, con otro que ataque a la dolencia en cuestión, creando por dentro confusión y desorden. Nos duele la cabeza y nos dan un analgésico, trasladando el dolor a otra parte, la enfermedad a otra parte, y envenenándonos el resto del cuerpo. Por eso venimos a verles una y otra vez... Todo es un montaje y un absurdo, créame, el sistema entero, la política, la religión, la burocracia y las leyes, los medios de comunicación... Nos manejan, subliminalmente, como a marionetas... Manipulan nuestras conciencias, nuestros hábitos y sentimientos, y manipulan, más que ninguna otra cosa, nuestra salud. Para curarnos una enfermedad nos dan medicinas que nos provocan otras más graves, hasta degenerar en la muerte... Esa es, una y otra vez, su mentira y su trampa.... Pero ¿qué podemos hacer al respecto? Dígale esto a la gente, a los médicos, a los políticos y a los sacerdotes, que nos manipulan, y verá qué le contestan... Seguramente le tacharán de hipocondríaco y loco y se reirán de usted... Eso es lo que hará conmigo el doctor cuando llegue mi turno y le comente que me sigue picando el lunar y que me parece que sigue creciendo... Volverá a recetarme pomada, otra marca tal vez, y ansiolíticos, y me dirá que todo es fruto de mi imaginación. Lo sé ya antes de entrar, pero qué puedo hacer al respecto... Dependo de la cortisona para aliviar el picor y de los ansiolíticos para relajar mis nervios... El médico ha generado en mí dependencia, como en usted, pero evidentemente no ha curado la enfermedad en cuestión... Por eso seguimos viniendo...

Han pasado ya otros tres pacientes a ver al doctor. Sólo queda otro delante de mí. Entonces la enfermera abre la puerta de la consulta y llama al siguiente, Señor X, que resulta ser mi acompañante, el hombre del lunar en el cuello.

- Mi turno - dice levantándose de la silla y guiñándome un ojo -. La función va a comenzar...

Entra erguido en la consulta y durante unos diez minutos, el tiempo que aproximadamente tarda en salir, pienso en lo que me ha dicho... No sé si está loco o, por el contrario, extremadamente cuerdo, pero sus razonamientos tienen cierta lógica. Además, gracias a su conversación, la espera se me ha hecho más corta de lo que imaginaba.

- Cortisona y ansiolíticos - dice acercándose a mí al salir. Y me enseña, a modo de credencial, las dos recetas que le ha firmado el médico.

Sonríe, rascándose el lunar con un gesto de complicidad, y se aleja rápidamente por el pasillo.

La enfermera, entonces, abre la puerta de la consulta y pronuncia mi nombre.

Ha llegado mi turno.

Me levanto, cojo la chaqueta y paso a ver al doctor.


Vicente Muñoz Álvarez, en Excodra Nº14.


Extraído de El merodeador (Baile del sol, 2007, Ilustraciones por Toño Benavides).

JÖRG BUTTGEREIT

domingo, 18 de agosto de 2013

THE MAN FROM EARTH


Una de las mejores películas de ciencia ficción que he videado en los últimos tiempos, sin efectos especiales ni truculencias, ambientada en la actualidad, desarrollada en una cabaña en el bosque y basada únicamente en un inteligentísimo y perfectamente hilvanado guion.

El resto (además de las interpretaciones de los protagonistas, todas correctas) es pura especulación, pero de un nivel filosófico que deja al espectador (si no se pierde en la trama ni en los diálogos) boquiabierto, con un montón de interrogantes e hipótesis descabelladas centrifugándose en su cabeza.

Mejor, eso sí, no leer nada al respecto antes de verla (tal y como me aconsejaron a mí al recomendármela), para que el factor sorpresa, la baza más importante de la película, no sea vea mermado.

Visionaria, polémica (desde el punto de vista de la teología, sobre todo) y reveladora, The man from earth (2007), de Richard Schenkman, desafía las leyes divinas y humanas y propone, como buen relato de ciencia ficción, una realidad paralela que agita desde los mismos cimientos cualquier convicción.

No os la perdáis.

v

The man from earth (completa) in You Tube:


sábado, 17 de agosto de 2013

CAJA DE HUESO


a veces
donde no la buscamos

tan cerca
y tan lejos

dentro de nuestra
caja de hueso

la perla brillando

en el corazón


Vicente Muñoz Álvarez

cover by Vladimir Kush

DÍAS DE CIELO (reloaded)


pero también (porque todo en este ejercicio de vaciamiento y catarsis que es la escritura, al menos la mía, hay que contarlo), como rayos de luz que atraviesan la penumbra, en medio de la desazón y el caos días intensos y plenos, radiantes días de cielo rodeado de amigos, Gsús y Mónica y Julia y Beatriz y Zapico y Julio y Eugenio en un Shangri-La llamado Pozos de la Cabrera celebrando el hecho asombroso de estar vivos, la sencillez de las cosas, la montaña agreste y pura, la deliciosa comida, la hospitalidad de la gente y del pueblo, el bosque protector, la ternura de la pequeña Ana, la poesía redentora y el vino, el silencio y la calma, el sosiego y la magia, los castaños en flor y el milagro de la amistad...

poco más 

puedo pedirle

al cielo

v

photo by Julia D Velázquez

esto fue lo que escribí, casi tal día como hoy hace un año, sobre el Walden de la Cabrera... después de regresar de nuevo de allí, siento que tengo que rizar para la próxima aún más el rizo...

a vuestra salud, hermanitos & que sigan estos latidos...

& para Gsús & Mónica & Bea & sus familias:
gracias por ser & estar.

jueves, 15 de agosto de 2013

PP. AGUSTINOS (my generation)


aquella fortaleza inmensa de ladrillo rojo... con ella más que con ninguna otra estampa o visión infantil tengo una deuda pendiente... el ying y el yang, el aprendizaje y la duda, lo austero y lo sórdido, lo mágico y crepuscular, la caspa y el cielo... comenzando por un recuerdo insignificante aunque para mí imperecedero: la pólvora: aquella arenisca pardusca que recogíamos cuidadosamente de entre las junturas de los ladrillos de la fachada, mezclada con telas de araña y a saber qué otros residuos, pólvora, la llamábamos, que atesorábamos para cargar nuestras pistolas imaginarias, primeros ensayos de ensoñación... para seguir por aquellos inmensos y tenebrosos pasillos que conducían a las aulas, el eco distorsionado de nuestros pasos en su penumbra, el latido acelerado de nuestro corazón, y el laboratorio de fósiles e insectos empalados y cabezas reducidas de jíbaro y animales disecados y minerales y microscopios, mi lugar de ensueño favorito, y la enfermera y la enfermería y las dolorosas vacunas en el brazo y el gimnasio y los curas, adustos, siniestros, sombríos, enfundados en sus túnicas negras, con aquellas correas de cuero atadas a la cintura con las que nos fustigaban a la menor ocasión, grises y contenidos, macilentos y reprimidos, irascibles y abrasados por qué sé yo qué fuego interior, los curas: el Pato, el Pastas, el Madréporas, el Kikitos, el Nerón, el Luismi, el Burbujas, el Leandro y el Flecha... más los tacos y las pelis y las canicas y los yoyos (de Fanta) y las peonzas y los paracaídas de plástico y el patio (como de cárcel) donde jugábamos al baloncesto y al fútbol y tirábamos petardos y bombas en las fiestas y el bar donde tomábamos butanos y toreras y la iglesia silenciosa y los confesionarios oscuros y el salón de actos anacrónico y aquel cine como de posguerra donde crecimos... junto a todos aquellos nombres de compañeros perdidos, my generation, a saber qué ha sido de ellos, Lamelas, Campo, Rúa, Villamizar, Medina, Vallepuga, Núñez, García, Tascón... y los pobres seminaristas, como de otro mundo, recuerdo sus bocadillos en la merienda, al salir de clase, aquellos austeros bocadillos de mortadela o salchichón o chorizo (Revilla) que masticaban con desgana en los ocasos de las noches leonesas de invierno, cuando todos regresábamos a casa a cenar, y sus caras de abatimiento y angustia por las mañanas, la terrible dinámica a la que les sometían, y la formación en fila india en las colas del patio y las oraciones forzadas y los innumerables y eternos deberes, aquella pila de obligaciones siempre a medio cumplir, y los exámenes y las amenazas y tantos pescozones y capones y castigos, copia que te copia cientos de veces frases absurdas o de rodillas con los brazos estirados hasta desfallecer, la sensación de no poder, de no saber, de remordimiento y fracaso incipiente, el virus de la conciencia y el miedo... aunque por encima de todas aquellas visiones, más nítida que las demás, una en particular: el día en que las máquinas, ominosas bolas de acero suspendidas de grúas (me parecía a mí) gigantescas, derribaron el edificio muro a muro, hasta reducirlo a polvo y escombros... como una herida sin cicatrizar, de las que siguen siempre doliendo, aquellas bolas metálicas estrellándose violentamente contra los muros de mi memoria, dejando en ella otro estigma, haciendo sangrar mis recuerdos...


Vicente Muñoz Álvarez

BLACK WRITERS


fiesta en la tierra

escritores en guerra

sangran los días


v

miércoles, 14 de agosto de 2013

ALAS


León
a vista de pájaro

desde
Las Lomas

una pequeña mancha
de caminos cruzados
en el confín

47 años
sobrevolándolo
sin motor

toda
una vida


v

martes, 13 de agosto de 2013

AQUELLA CASA AL LADO DEL CINE MARI (2)


toda la mañana en los archivos del Instituto Leonés de Cultura con Roberto, el bibliotecario, indagando sobre la Casona del Cine Mari, de ella os hablé hace días en otra regresión temporal, y sobre ella, tras los datos que he encontrado, vuelvo de nuevo... puede uno aún ser un niño pero hay cosas que nunca se olvidan, ni mi padre ni mi madre ni mi cuñado ni mi hermana sabían nada del tema, cuando les dije que creía recordar que aquella mansión se llamaba Villa Asunción pusieron cara de asombro, mi fuente principal descartada, aunque mi padre, con su pila de sabiduría y años a cuestas, me dijo: investiga en el I.L.C., allí te podrás informar... conozco a Roberto desde hace ya tiempo y es, lo he pensado mil veces, el bibliotecario perfecto, apasionado e ideal para el cargo que ocupa, de modo que, me dije, voy a ir a verle, a ver qué me pude contar... y allí estábamos los dos esta mañana, tórrido verano leonés, buscando documentación sobre ese chalet de mis obsesiones y fantasmas y miedos, la Casona del Cine Mari, también llamada Casa de Aguas (supe), sobre la que nadie parecía ya recordar nada al respecto... ambos, como en las películas de intriga y horror que tanto me gustan (por ejemplo: Al final de la escalera, perfecta para ilustrar la ocasión), consultando la hemeroteca del lugar, periódicos archivados desde hace décadas, jugando a ser detectives, para luego recluirme con varios libros de consulta en la biblioteca... la Casona del Cine Mari fue un hospital para tuberculosos en el León de los años 20, claro, algo así tenía que ser, ya todas mis sospechas corroboradas, no me equivocaba, la cena estaba servida, mi caótica memoria estaba en lo cierto, el caserón se llamaba Villa Asunción, de estilo neo mudéjar, curso de aguas subterráneo incluido, construido a finales del XIX, derribado en 1977 (yo tenía once años entonces: imagíname allí, frente a aquellos lúgubres muros), vi algunas otras fotos del edificio esta mañana, la torre, las verjas del jardín, las siniestras ventanas... se puso en venta hacia el año 30 y nada más se supo de él hasta su derribo, otra de las mansiones oníricas de esta ciudad que desaparecieron con el ensanche... cómo puedo conservar tan intactas aquellas imágenes, me pregunto, qué tipo de filtro utiliza nuestra memoria, más y más datos para este catálogo de ensoñación... y un comentario de Roberto que me impactó:
yo: todo son regresiones últimamente, estoy pensando en escribir sobre ello un libro, estos recuerdos de infancia, mi León mágico y quimérico y crepuscular, nada que ver con el leonesismo ni las guías de viajes,  como una especie de mapa interior, yo mismo por dentro y mis visiones de niño y recuerdos...
él: cuántos años tienes ahora...
yo: cuarenta y siete...
él: estás en la edad...
y sí, pensé, eso parece, debo de estar en la edad... qué me pasa que últimamente me devoran así los recuerdos, a dónde quiero llegar, crezco y evoluciono y maduro, me hago mayor, dónde quedó todo aquello y qué merodeadores y fantasmas son estos... seguiremos informando...


Vicente Muñoz Álvarez

KAK: Trielulogy.

lunes, 12 de agosto de 2013

CASA BOTINES (y la llave de plata)


mi querida Casa Usher, mi Exin Castillos particular, aquel caserón gótico y por aquel entonces, antes de la reforma, siniestro y sombrío (o así lo veía yo), su interior sobre todo, aquellas lúgubres escaleras por las que mi padre aseguraba que a menudo correteaban gigantescas ratas, cinco pisos a oscuras sin ascensor hasta el ático de mi abuela, la madera crujiendo bajo las suelas de nuestros zapatos, la macilenta e intermitente luz, las ventanas modernistas y sus torres cilíndricas... allí se fueron a vivir de alquiler mis abuelos (al contrario de lo que pueda parecer, no eran viviendas de ricos, sino de pequeños comerciantes que se habían ido estableciendo en las inmediaciones del edificio en los años 20 del pasado siglo), a aquel palacio místico y tenebroso, como de ensueño de opio o desvarío simbolista, que Gaudí había construido décadas atrás... la Casa Botines, con su foso y su reja de forja y su implacable San Jorge matando al Dragón y sus torreones y agujas y almenas... en ella nació y se crió mi padre y sus cuatro hermanos y en ella vivía todavía mi abuela, vieja excéntrica y decadente, rodeada de reliquias de tiempos remotos, canarios enjaulados, muñecas de porcelana y montañas de libros, cuando yo comenzaba a dar mis primeros pasos y a practicar, tímidamente, el arte de la ensoñación... ah, qué recuerdos aquellos, cinco, seis, siete años, todo misterio y revelación, todo descubrimiento y promesas, aquel León provinciano, la tienda de mis abuelos en Ordoño II, los tebeos del Jabato y del Capitán Trueno y el Guerrero del antifaz que mi padre me compraba puntualmente cada semana en el kiosco de abajo, el vetusto Café Victoria enfrente, la catedral calle Ancha arriba, el destartalado Barrio Húmedo, los PP. Agustinos al lado (mi colegio: aquella fortaleza inmensa de ladrillo rojo de la que otro día hablaré), la recoleta y umbrosa Iglesia de San Marcelo y, muy en especial, el torreón del ático de mis abuelos, desde el que oteaba yo a vista de pájaro la somnolienta ciudad... allí me recuerdo a menudo ensimismado mientras mi familia charlaba en el comedor, viendo pasar a los transeúntes, dónde irían, de dónde vendrían, cómo se llamarían, si serían felices o no, evocando una y mil veces la terrible pelea entre mercheros y gitanos que mi padre había contemplado de niño desde ese mismo torreón y de la que tantas veces me había hablado, navajazo viene y va, cuerpos tendidos en la plaza, vísceras en las aceras, gritos de terror y gente corriendo... mi padre, cuántas historias y fantasías me metió en la cabeza... a él le debo, seguramente, esta afición por las letras, siempre hablándome de mazmorras y pasadizos y tesoros y fortines y ladrones y evadidos y prodigios y monstruos... frente a ella, la Casa Botines, paso todavía a menudo, ya reformada y convertida desde hace tiempo en museo, y hacia la torre de mi abuela instintiva e invariablemente miro, buscando su fantasma con una llave de plata en la mano, regresión tras regresión volviendo súbitamente a mi infancia, a aquellos días primeros, a aquellas lecciones tempranas, a aquel quimérico despertar...


Vicente Muñoz Álvarez

VACIAMIENTO


cuando lo has sacado todo de ti

la ilusión la tristeza la esperanza
el dolor la nostalgia la angustia
la desolación la rabia el miedo

cuando te has desnudado
y vaciado sobre el papel

ya ligero de equipaje

y te preguntas

mirando
a tu horizonte

cuál será
el siguiente
puerto


Vicente Muñoz Álvarez

cover by Odilon Redon

POESÍA en POZOS


Gsús Bonilla, Eloísa Otero, 
Toño Morala, Felipe Zapico, 
Vicente Muñoz Álvarez 
& Abel Aparicio

16-8-2013

Pozos de Cabrera

Allí estaremos

HENRY DAVID THOREAU


domingo, 11 de agosto de 2013

EVIL DEAD (2013)


Si os gusta el cine gore y de horror, y muy especialmente si sois fans de la trilogía Evil dead, de Sam Raimi (Posesión infernal, Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas), no debéis perderos el delirante remake que Fede Álvarez se ha sacado de la manga, espeluznante y aterrador donde los haya, de lo mejorcito que he videado últimamente.

Dejando a un lado las comparaciones con la película original (han pasado más de 30 años desde su estreno y la evolución de los efectos especiales desde entonces marca la diferencia), lo cierto es que este remozado Evil dead (2013) es un baño de sangre pavoroso y horripilante, que sin duda alguna hará las delicias de los amantes del género.

Con un planteamiento prácticamente idéntico (un grupo de amigos en un cabaña, que tras leer un pasaje del Necronomicon desatan las fuerzas del mal), la película de Fede Álvarez se distancia ostensiblemente de la de Raimi, introduciéndonos en una pesadilla angustiosa y regalándonos algunas de las secuencias de horror más estremecedoras de los últimos tiempos.

Posesiones escalofriantes, truculencia y acción a raudales, impresionantes efectos especiales y litros y litros de hemoglobina, así como numerosos guiños a la saga ochentera, hacen de este remake un maravilloso e impactante film de terror con sello propio, que no dejará indiferente a nadie.

Para chuparse los dedos.

Trailer in You Tube:


jueves, 8 de agosto de 2013

CORRECCIÓN


vueltas y vueltas sin descanso estos días sobre mi nuevo libro,  Días de ruta, intentando cuadrarlo y darle sentido, sin saber si empeora o mejora, qué bueno me parece a veces, qué malo otras tantas, si hay que poner o quitar, añadir, reducir, recortar, poda que poda intentando a toda costa mejorar su estructura... y recordando, cómo no, Corrección, de Thomas Bernhard, la tortura del protagonista enfrentado a su ensayo, cómo enloquece puliendo y corrigiendo y finalmente destruyendo su texto a fuerza de volver una y otra vez sobre él... quizás la novela que mejor retrate la maldición de las letras, pienso, un privilegio y un don, sí, pero también un virus letal, minutos, horas, días y meses frente a la pantalla en blanco o el folio vacío, noches agitadas y súbitos despertares con una frase en la cabeza que hay que levantarse sin demora a anotar, cómo termino este poema o capítulo, dónde lo encajo, si dice lo que tiene que decir, si suena como debería sonar, consultando a amigos del gremio y tachando y reciclando y recitando y analizando hasta terminar perdiendo la perspectiva...

v

miércoles, 7 de agosto de 2013

FRENTE


toda esta lucha

el día a día

el abastecimiento
las trincheras
la estrategia
la resistencia
la pólvora
la artillería

orientada

ganes
o pierdas

al mismo
final


Vicente Muñoz Álvarez

martes, 6 de agosto de 2013

EL MERODEADOR según JOSU BUSTINZULO


Acabo de leer "El merodeador" de Vicente Muñoz. Impresionado es poco. Recomendable 100 x 100. Lo sublime de los románticos, el misterio de Poe, el martirio continuo del narrador... Relatos cortos que inquietan, que sobrecogen, que atrapan... (Inquietantes y oscuros en su mayoría, hermosos y vitales como "El delfín"... sinceros y torturados los más). Una catarata de sentimientos con forma de dietario para una novela de introspección y búsqueda de respuestas. Dicho en román paladino: UN LIBRO DE LA OSTIA. 

Pillároslo en:


Josu Bustinzulo

*
El merodeador describe una visión: la de un narrador enfrentado en soledad a sus propios fantasmas. Durante casi una década, huyendo del esplín de la ciudad, viví en viejas casas de pueblo aisladas y me dediqué, entre otras cosas, a escribir una ficción relacionada con mis percepciones y experiencias de ese cambio de entorno y lapso de vida, cuando menos, alienante y confuso. Lo que en principio iba a ser un retiro creativo y una expansión sensorial, se convirtió paulatinamente en una especie de laberinto de tinieblas y cárcel de sombras que, finalmente, me forzó a regresar de nuevo a la ciudad... Novela gráfica (monocroma y turbadoramente ilustrada por Toño Benavides) fragmentada y en construcción, diario existencial, monólogo interior, libro de ensueños... El merodeador narra el desasosiego bernhardiano de aquellos días y la sensación de vaciamiento y deriva, de extrañamiento, que a partir de entonces se hizo habitual en mí. 

Vicente Muñoz Álvarez


lunes, 5 de agosto de 2013

ÓPTICA

todo

siempre

tan complicado

la vida
la impaciencia
la incertidumbre
la lucha

y sólamente
un prisma

el punto
de vista

todo

siempre

en función
del cristal

a través
del cual

se mire


Vicente Muñoz Álvarez

GUS VAN SANT

domingo, 4 de agosto de 2013

TESTIGOS


ser solamente
testigos

poder observar
sin inmutarnos
nuestro destino

no dejarse llevar
por los desvaríos

he ahí
la lección

intentando
asimilarla

sigo


Vicente Muñoz Álvarez

DESDE EL JARDÍN (Bienvenido Mr.Chance).


Lo absurdo e hipócrita y pretencioso de nuestra sociedad, o cómo un analfabeto puede llegar sin dificultad a la cima: sobre tal premisa gira Desde el Jardín (o Bienvenido Mr.Chance, 1979), otra de las grandes películas de Hal Ashby (junto a Harold y Maude), corrosiva y sarcástica de principio a fin y, sin lugar a dudas, un jarro de agua fría a la moral y al sistema.

Basada en la novela Being There, de Jerzy Kosinki (que se encargó también de escribir el guion), la película de Ashby es una durísima crítica social que, bajo el formato de inocente comedia, no deja títere con cabeza y pone de manifiesto hasta dónde puede llegar la estupidez humana.

Peter Sellers (seguramente en el papel más logrado de su carrera) encarna a Chance Gardner, un discapacitado mental que por una serie de circunstancias y malentendidos, pasa por un genio de las finanzas y llega sin pretenderlo a las más altas esferas...

Una lección magistral de filosofía y buen cine, elegante, demoledora y más vigente que nunca en la actualidad, que cosechó en su día excelentes críticas y se ha convertido con el paso del tiempo en un film de culto por méritos propios.

Sin desperdicio.


Trailer in You Tube:


viernes, 2 de agosto de 2013

AQUELLA CASA AL LADO DEL CINE MARI (1)


juraría que se llamaba Villa Asunción, aunque no estoy seguro, me he intentado documentar pero nada, hablo de principios de los 70, yo era muy chinorri aún, pero ese nombre, Villa Asunción, y aquel caserón, siguen grabados a fuego en mi mente... allí estaba, en medio de Ordoño II, la calle principal de León, junto al Cine Mari, ya de por sí siniestro y extraño, con aquellas sesiones de Arte & Ensayo para adultos y aquellos fotogramas grotescos... yo pasaba por allí todos los días de camino al colegio y siempre me estremecía, aquella mansión terrorífica, morada perfecta de Norman Bates, de la que mis compañeros de clase contaban tremendas historias, una viuda asomada a la ventana, un canal de agua subterráneo, una desaparición y un cuerpo ahogado... era una de nuestras conversaciones recurrentes, el castillo del Mago de Oz, donde cualquier cosa podía pasar... me recuerdo alrededor del edificio merodeando con Campo (nos conocíamos todos en el colegio de aquellas por nuestro apellido) después de múltiples planes de asalto, ocho, nueve, diez años a lo sumo, asomándonos aterrados a las ventanas y adentrándonos unos metros en el recibidor... toda ella en ruinas, lóbrega y opresiva, espeluznante y sombría, fantasmal y ominosa, aquella torre angustiosa, aquella buhardilla inclinada, sus diminutas ventanas, su amenazante presencia, así era Villa Asunción, una Casa Usher con vida y aliento propio, a saber qué atrocidades se cometieron allí, nos preguntábamos, quién la habría habitado, qué habría de cierto en aquellos rumores... en cualquier caso allí estábamos, rondando siempre su verja o adentrándonos en su agostado jardín, analizando vestigios y huellas e imaginando continuamente tragedias... hasta que un día, de la noche a la mañana, desapareció, derribaron la casa y el cine y construyeron encima un edificio moderno y pasaron los años y todo se olvidó... pero no en mi cabeza (mi cabeza es un cofre de recuerdos que todo lo recicla a placer: vive tu memoria y asómbrate, dijo jack Kerouac), ha estado siempre presente desde entonces en mis pesadillas, a ella, seguramente, deba mi afición por la literatura y el cine de horror y el germen de muchos de mis relatos, pienso... hasta que hoy, buscando información en la red, me he topado con una fotografía suya y todos estos recuerdos han vuelto de nuevo a mí, aquella casa al lado del Cine Mari (cuánto le hubiera gustado rodar a Lucio Fulci allí), aquel terror infantil, sus muros tenebrosos, sus funestas ventanas y su abandonado jardín... oh esta memoria lisérgica, sus fantasmas y obsesiones y merodeadores y sugestiones y miedos... de ella seguiré informando...


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 1 de agosto de 2013

FIN DE LA CITA


huele a carroña

arde babilonia

fin de la cita


Vicente Muñoz Álvarez

ENTREVISTA EN GARA


Cine y literatura quinqui, puro underground 

La revista underground «Vinalia Trippers» rinde tributo a las películas de navajeros con relatos e ilustraciones de más de cuarenta autores, con un especial homenaje al desaparecido realizador de Zarautz Eloy de la Iglesia. 

Patxi IRURZUN 

Los supermiriafioris, la música de los Chunguitos o Burning, los chutes en primer plano, las películas de delincuentes juveniles convertidos en mitos (el Torete, el Pirri, José Luis Manzano...). El último número de la revista para adultos «Vinalia Trippers» homenajea el cine quinqui de directores como el zarauztarra Eloy de la Iglesia, José Antonio de la Loma o Carlos Saura en un monográfico titulado «Spanish quinqui» en el que más de veinte escritores y otros tantos ilustradores recrean una época de tirones, sirlazos, heroína y miedo a salir de noche. Otra de las caras b de la transición, que dejó un reguero de cadáveres bonitos (o, al menos, jóvenes). 

Es el tercer monográfico que edita «Vinalia Trippers», en esta segunda etapa de la revista, tal y como nos cuenta el escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez: «Vinalia nació en 1995 en León. Hasta 2001 sacamos nueve números de la revista y en el año 2007 editamos una antología en formato de libro titulada `Tripulantes: Nuevas aventuras de Vinalia Trippers', que era en principio un homenaje con el que pensábamos despedir el fanzine. Dos años después, sin embargo, el diseñador Rodrigo Córdoba se interesó por el proyecto y nos propuso continuarlo. Con él hemos editado otros tres números, `Plan 9 del Espacio Exterior', dedicado a los marcianos y la ciencia ficción, `Trippers from the Crypt', un tributo a la revista norteamericana `Tales from the Crypt', y recientemente, hace unas semanas, el número 12, `Spanish Quinqui', dedicado al cine quinqui». 

«Vinalia Trippers» ha vuelto, pues, y en formato monográfico. Cada nuevo número es un homenaje, una recreación de universos y temas que obsesionan tanto a los artífices de la revista (Silvia D. Chica, Alfonso Xen Rabanal y H. Valdez, además del propio Vicente) como a sus colaboradores, que participan en ella con cierto sentimiento de grupo e incluso de clase, de tripulación o banda, con afinidades estéticas y un recorrido por los márgenes de la creación y de los canales convencionales. «Somos una revista subterránea por vocación», dice Vicente Muñoz. «Para publicar literatura convencional ya hay cientos de editoriales y revistas, pero no para publicar el tipo de literatura, visceral, independiente y crítica, por la que nosotros apostamos. Nacimos con esa pretensión y como no hacemos esto para ganar dinero, no nos hemos rendido ante el mercado ni las exigencias de nadie. Editamos `Vinalia' por amor al arte, sin más, y por compromiso con un tipo de literatura que no tiene demasiada buena prensa ni facilidad para encontrar su hueco en otros lugares». 

En «Vinalia Trippers» participan escritores como David González, Eloy Fernández-Porta, Kike Turrrón, Mario Crespo, Carlos Salcedo Odklas, Esteban Gutiérrez, Felipe Zapico, Pepe Pereza, Cisco Bellabestia... e ilustradores como Miguel Ángel Martín (que una vez más ha hecho la portada), Juan Kalvellido o Toño Benavides. Los relatos, por otra parte, se han nutrido tanto de las referencias cinematográficas de películas como «Deprisa, deprisa», «El pico» o «Perros callejeros», como de experiencias propias, pues buena parte de los autores vivió y sobrevivió en primera persona a aquella época. «La lucha de clases existe, por supuesto, y afecta también, obviamente, a nuestro gremio: hay escuelas, élites, grupos de poder, presiones, vetos, tapones, etc. que por lo general vienen siempre de arriba, nunca de abajo... Que cada uno saque las conclusiones que quiera. Lo cierto es que nosotros, habitualmente, publicamos a autores de la calle, o relacionados con ella, porque son los que nos interesan y los que necesitan, además, una plataforma digna de expresión», señala Vicente. 

La revista viene acompañada, como es habitual, con una separata de poesía, esta vez dedicada a El Ángel, uno de los iconos de la época, autor del mítico «Los planos de la demolición», en la que participan tres poetas vascos (Karmelo Iribarren, Iñaki Estevez y Garazi Gorostiaga). Y además de los relatos, una entrevista con un miembro del grupo «Los Calis» y otra con el actor Bernad Seray, protagonista habitual de películas quinquis. Y un póster desplegable de El Pirri. «Vinalia Trippers»: puro underground. 

RAY CHARLES: I don't need no Doctor.